Información 969 376 400    

GREEN VALLEYS

Green Valley y la navidad

En Green Valley, donde se celebraba tan apasionada fiesta anual, se levantaba un inmenso bosque de abedules.

Es Navidad

By A. Monteagudo

Claro que aquellos inquietantes sonidos era una preocupación para la comunidad de Green Valley, y más para su Alcalde, que veía en ellos una amenaza para los visitantes también al no poder establecer cuáles eran las causas que los producían.

La cena a la que asistieron más de doscientos vecinos, fue como se preveía un éxito total. Los fogones que allí de manera improvisada se instalaron, quedaron vacíos, limpios. Los comensales, ya prevenidos de años anteriores, se mantenían con una ligera dieta los dos días de antes, a fin de rematar sus estómagos la noche de la cena. Los mayores empezaron por platos fuertes y contundentes del asado más típico. Los niños, consumían preferentemente embutidos, y longanizas que las mujeres prepararon con esmero. El plato fuerte de esa noche fue el gorrino que Fabián, el experto chef de la villa, preparó con una salsa elaborada con frutas y verduras de su propia cosecha. La salpimentó con alguna yerba, y en una cazuela de barro a fuego lento espero que tomara contundencia. Aquella salsa especial tuvo a muchos vecinos en vilo toda la noche, sus aparatos digestivos se hicieron notar y el aguardiente corría de mesa en mesa sin parar.

Pero para aquellos hinchados y castigados estómagos, la solución pasaba por mover el cuerpo durante algunas horas a ritmo de violines y flautas, con cítaras y laúdes de acompañamiento y el sonido inconfundible de los vidrios golpeados con la rama de abedul.

En Green Valley, donde se celebraba tan apasionada fiesta anual, se levantaba un inmenso bosque de abedules. Frondoso paisaje por el que se abrían varios caminos construidos en el tiempo por las pisadas de los vecinos en sus paseos diarios. Entre los bellos árboles también se erguían álamos y robles, que se mezclaban en una hermosa sinfonía de colores verdes y ocres dependiendo de la temporada.

No muy lejos de la espesura, el río se paseaba lentamente por debajo del puente de las Siete Verdades. Lo llamaban así porque era el lugar donde desde hacía muchos años las parejas se prometían el amor y la fidelidad antes de contraer matrimonio. Sobre el puente el cogía la mano de su prometida y la confesaba siete verdades, necesarias y que debería de cumplir para que su amor fuera eterno. Aquella romántica tradición, puso nombre a aquella construcción qué formada de sólidos troncos y piedra, se había mantenido en pie durante más de doscientos años. Por el puente que también cruzaban los carromatos y la trasiega de bueyes, ovejas y cabras en dirección al mercado invernal de ganado también paseaban los enamorados convirtiendo aquel lugar, con el tintineante ruido del agua y el silencio solo interrumpido por el viento y alguna colonia de pájaros, en el lugar perfecto para enlazar corazones.

Es diciembre, el manto de nieve se hace presente en muchos lugares. Muy pronto llegarán las heladas y el cauce se convertirá en un espejo de cristal, blanco y de un grosor suficiente para poder patinar sobre él.

Es Navidad, todos los acontecimientos se amontonan en un calendario que mantiene a la población entusiasmada y muy alegre. Queda poco para fin de año, pero el sonido que llega del fondo del valle mantiene a los vecinos con una espera tensa. Se acerca el final del año, el martilleo y los sonidos metálicos se han vuelto más intensos, casi durante las veinticuatro horas del día y ahora, desde lo alto del campanario de la pequeña iglesia se ve una columna de humo a lo lejos.

Cerca a unas millas de allí, donde se acaba el bosque y comienza el Valle de Irisae…

Please follow and like us:
20

Impactos: 6

Comentarios (0)

13 − = 6

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.

1
×
¡Hola Soy Vanesa! ¿Qué quieres saber?
Facebook2k
Facebook
YouTube127
YouTube
Instagram468
A %d blogueros les gusta esto: